En estos textos fundamentales, Rosa Luxemburgo plantea una de las preguntas más urgentes y persistentes de la política moderna: ¿reforma o revolución? Su respuesta, lejos de ser un rechazo ciego a las mejoras graduales, es una defensa apasionada de la transformación radical como única vía real hacia una sociedad verdaderamente justa.
Pero su pensamiento va más allá de la dicotomía. En un diálogo lúcido entre teoría y praxis, Luxemburgo analiza la tensión entre la organización partidaria, los sindicatos y la energía espontánea de las masas. Sostiene que los grandes cambios no se producen solo desde las cúpulas, sino desde abajo, cuando la conciencia colectiva despierta y se moviliza, a veces incluso en contra de sus propias dirigencias.
Este libro reúne dos ensayos claves donde la fuerza intelectual de Rosa Luxemburgo se hace evidente: crítica, visionaria y profundamente comprometida con los oprimidos. A más de un siglo de su escritura, sus palabras siguen desafiando las falsas soluciones, inspirando resistencia y recordándonos que la lucha por otro mundo no ha terminado.
Rosa Luxemburg (1870-1919) Revolucionaria y teórica del socialismo alemán, de origen judío polaco. Hija de un comerciante de Varsovia, su brillante inteligencia le permitió estudiar a pesar de los prejuicios de la época y de la discriminación que las autoridades zaristas imponían en Polonia contra los judíos. Su militancia socialista le obligó a exiliarse desde los 18 años, refugiándose en Suiza, donde terminó sus estudios de Derecho, trabó contacto con revolucionarios exiliados y se unió a la dirección del joven Partido Socialdemócrata Polaco. En 1898 se trasladó a Alemania para unirse al poderoso Partido Socialdemócrata de aquel país (SPD) y participar en los debates teóricos que lo agitaban desde la muerte de Marx y Engels. Asociada con Kautsky, defendió la «ortodoxia» marxista frente al «revisionismo» de Bernstein e hizo aportaciones teóricas originales en torno al imperialismo y al derrumbe del capitalismo, que creía inevitable (La acumulación del capital, 1913). Junto con Karl Liebknecht encabezó las protestas de los socialistas de izquierda contra la Primera Guerra Mundial y contra la renuncia del SPD al internacionalismo pacifista; fue detenida por ello en 1915, pero continuó escribiendo desde la cárcel. Fue ella quien puso las bases teóricas para la escisión de la Liga de los Espartaquistas (1918), transformada un año más tarde en Partido Comunista Alemán (KPD). Junto con Liebknecht, lanzó la Revolución espartaquista de 1919; y, como él, murió a manos de los militares encargados de su represión.